José Martí, 120 años de una siembra

Hace 120 años José Martí dio su vida por la independencia de Cuba en el campo de batalla en un enfrentamiento contra las tropas del colonialismo español, pero también en una guerra contra el naciente imperialismo y para atajar otros males como la injusticia social, la falta de unidad y el subdesarrollo que ya empezaba a aflorar como parte de una distribución inequitativa de la riqueza en el mundo.

El pensamiento martiano es clave para la Revolución cubana y para el proyecto socialista que defendemos, y cada día debemos meditar sobre nuevas vías para hacer llegar su esencia a todos nuestros compatriotas.

Porque incluso más allá de esos propósitos colectivos, entrar en contacto con el ideario de José Martí es una fórmula insustituible para mejorarnos como seres humanos también en lo individual. Muy probablemente los valores éticos de su legado lograrían redimir a cualquier persona que se ponga en contacto serio y sistemático con él. Es capaz de cambiarnos la vida solo a través de la palabra y de su correspondencia con la acción que —en su caso— estas siempre llevaban detrás.

Sobre el poder transformador de su ejemplo, hay muchos testimonios y muestras a lo largo de nuestra historia, que van desde los propios cubanos contemporáneos de Martí, hasta los insignes patriotas y revolucionarios que le sucedieron en el tiempo, entre quienes podríamos citar personalidades paradigmáticas como Julio Antonio Mella y Fidel Castro, por solo mencionar dos, comenta para Haciendo Radio, el periodista Francisco Rodríguez Cruz.

Por eso es prudente que en cada época nos preguntemos cuáles son las formas, los soportes, las variantes para dar a conocer la obra de nuestro Héroe Nacional.

Soy de los que piensan que a Martí tal vez hay que citarlo menos, y leerlo más; no utilizar tanto como comodín los fragmentos de su obra, e identificarse mayormente con la raíz de su prédica humanista y patriótica.

cinco heroes y jose marti

En esta era de sobresaturación de información más o menos valiosa, de sofisticadas tecnologías de la comunicación que tienden a fragmentar la realidad y hasta procuran enajenarnos y mercantilizarlo todo, incluyendo a los héroes y la historia, es una obligación pensar a contracorriente sobre cómo utilizar esas nuevas posibilidades en función de difundir, o al menos, motivar, para que los niños, jóvenes y adolescentes lleguen a Martí, y Martí a ellos, mediante el empleo de estos nuevos códigos y formas de relacionarnos.

La tarea no es sencilla. Es muy difícil trasladar a una estructura de mensajes cada vez más breves y simples, la riqueza conceptual de un texto martiano, la belleza de su prosa encabalgada y metafórica, el sentimiento de su poesía intensa y compleja, incluso en aquellos versos solo aparentemente “sencillos”.

Pero precisamente en esa complejidad debe estar el reto mayor para tanta inteligencia que hemos cultivado en este más de medio siglo de elevados niveles de instrucción.

Pongámonos a pensar sobre cómo conseguir que Martí no muera jamás. Que su caída en combate hace 120 años sea la conmemoración de una siembra, no de una muerte. Necesitamos hoy y necesitaremos más en el futuro, muchas cubanas y cubanos que sientan, actúen y vivan como lo habría hecho José Martí en estos tiempos.

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